Estrabón y la Península Ibérica

El geógrafo griego Estrabón fue quien realizó la primera descripción de la península Ibérica, sin haber estado en ella, pero obtuvo la información necesaria de sus predecesores que van desde las dimensiones de sus costas, límites de algunas regiones y la forma de vida de su gente; para hacer una descripción completa de ella.

Estrabón hace referencia al paisaje, clima, los mares, la costa, la cartografía, sus formas y límites, además que plasma testimonios antiguos sobre la Península, así como los versos de los poetas Anacreonte y Estesícoro, y las extrañas costumbres de la región y la época, que refiere el lavarse los dientes con orina vieja guardada en cisternas, o dormir sobre la paja o en el suelo.

La realidad es que los pueblos de la antigüedad en el norte de la Península eran zonas apartadas de la civilización clásica, como eran Roma y Atenas, con hábitos nada civilizados, siendo Estrabón el primer autor que brinda una referencia acertada del modelo social de esas regiones. También hace referencia a las costumbres guerreras, la dieta de los habitantes de las montañas (pan de bellotas, mantequilla y cerveza), sus bailes, danzas, su vestimenta, las bárbaras predicciones entre los lusitanos, mediante la inspección de las entrañas de los prisioneros, y la forma de ejecutar a los condenados a muerte, arrojándolos desde un peñasco.

La vida bárbara de los pueblos del interior es plasmada por Estrabón, y caracterizada como primitiva y salvaje. Sin embargo, también describe las zonas más civilizadas como Sevilla, Córdova o Cádiz, así como la abundancia de sus recursos agrícolas, pesqueros y minerales; y lo maravilloso de sus vías de comunicación fluvial. Sus descripciones también refieren a las tradiciones religiosas y literarias.

“Su parte primera por Occidente es, como dijimos Iberia. De ésta, la mayor parte es difícilmente habitable, pues en una gran extensión la pueblan montañas, bosques y llanuras de suelo tan pobre que ni siquiera disfrutan del agua uniformemente […] Iberia se asemeja a una piel de toro extendida […] Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente con una banda. Comen principalmente chivos […]”

Esther R.

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